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El valor del individuo se demuestra por sus logros y éxitos en nuestra sociedad y cultura. Cuando se presenta a un conferenciante, cuando se presenta el autor de un libro, cuando se hace un homenaje a una persona, por lo general resaltan todos sus logros profesionales y materiales, y mientras más larga sea la lista, más es el respeto, la admiración y el valor que se le da.

A diferencia del sistema de valores de nuestra sociedad —materialista, individualista y hedonista— el sistema de valores de Dios califica los «logros» a la inversa. Lo que cuenta no son los logros materiales, políticos o profesionales, sino la intensidad de la dependencia en Dios y en su gracia. Moisés, con dificultad extrema, aprendió esta lección. La respuesta de Dios a su oración en Deuteronomio 3:23-29 y lo que Moisés dice en su oración del Salmo 90 no le dejó a Moisés otra alternativa de saber que ante Dios no había credenciales, ni privilegios, ni títulos, ni logros, ni ofrendas o dádivas, sino la dependencia total en él.

Está demás decir que muchas de las propuestas sobre el liderazgo y el testimonio actual siguen los patrones del mundo y no los propuestos en las Escrituras. Sus consecuencias las podemos ver en nuestras sociedades donde la iglesia y sus líderes no la afectan positivamente, sino aún, son ejemplos de abusos de poder, de maltrato espiritual, de ostentación de riquezas, entre otros. ¿Podemos confiar en nuestros líderes? ¿precisamos de ellos y ellas? ¿Estamos preparados espiritualmente para ser líderes que sirvan al pueblo como lo hicieran Moisés, y más aún, el mismo Jesús? El Curso abordará respuestas para estas preguntas.


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