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Juan José

El lugar desde el cual surge la reflexión sobre la fe, el quehacer teológico, no es simplemente una situación empática con el otro ni una estrategia para lograr la adhesión de los receptores de dicha teología. Es más bien la condición ética y epistemológica para discernir al Dios y sus designios para el contexto latinoamericano. En este sentido, la TeoLat radicaliza el lugar de vida del quehacer teológico y vincula la ortopraxis con la ortodoxia de forma inseparable ("por sus frutos los conoceréis"). No hay lugar para una academia ajena al quehacer de la gente, un quehacer reflexivo sin compromiso existencial y vivencial con los demás, particularmente, con los/as despojados/asylos/as excluidos/as.

En este quehacer teológico desde la pastoral, y aquella pastoral desde lo teológico vinculan fundamentalmente al análisis religioso el análisis sociológico, psicológico, cultural, económico y político de la realidad, por lo que apelaremos a la Inteligencia Colectiva, al Pensamiento Complejo y la mirada crítica y problematizadora de la realidad donde el conocimiento y el aprendizaje sea un acto liberador y vivificante. Como podrán apreciar en este Curso nos alejamos de la diferencia entre teología práctica (pastoral) y la teología académica o profesional. Afirmamos que no hay la segunda sin la primera y viceversa, y en la búsqueda de comprensión y organización de la reflexión teológica deberíamos de buscar otros ámbitos o realidades para sistematizarla o comprenderla mejor.

El valor del individuo se demuestra por sus logros y éxitos en nuestra sociedad y cultura. Cuando se presenta a un conferenciante, cuando se presenta el autor de un libro, cuando se hace un homenaje a una persona, por lo general resaltan todos sus logros profesionales y materiales, y mientras más larga sea la lista, más es el respeto, la admiración y el valor que se le da.

A diferencia del sistema de valores de nuestra sociedad —materialista, individualista y hedonista— el sistema de valores de Dios califica los «logros» a la inversa. Lo que cuenta no son los logros materiales, políticos o profesionales, sino la intensidad de la dependencia en Dios y en su gracia. Moisés, con dificultad extrema, aprendió esta lección. La respuesta de Dios a su oración en Deuteronomio 3:23-29 y lo que Moisés dice en su oración del Salmo 90 no le dejó a Moisés otra alternativa de saber que ante Dios no había credenciales, ni privilegios, ni títulos, ni logros, ni ofrendas o dádivas, sino la dependencia total en él.

Está demás decir que muchas de las propuestas sobre el liderazgo y el testimonio actual siguen los patrones del mundo y no los propuestos en las Escrituras. Sus consecuencias las podemos ver en nuestras sociedades donde la iglesia y sus líderes no la afectan positivamente, sino aún, son ejemplos de abusos de poder, de maltrato espiritual, de ostentación de riquezas, entre otros. ¿Podemos confiar en nuestros líderes? ¿precisamos de ellos y ellas? ¿Estamos preparados espiritualmente para ser líderes que sirvan al pueblo como lo hicieran Moisés, y más aún, el mismo Jesús? El Curso abordará respuestas para estas preguntas.


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