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Apagada la luz, Ana se dirige a su cama disfrutando ese silencio que la oscuridad ofrece. Se desvanece vestida sin pretender siquiera descalzarse. Solo cae. Y como si el sueño tuviera dueño y viniera a ella como un préstamo, se dispone a ser poseída por él a fin de descansar. Cierra los ojos siguiendo el ritual del sueño, y mientras los segundos pasan cierta angustia toma el lugar de éste como una tormenta de imágenes entrelazadas. Escenas, rostros, sensaciones diversas se superponen y no le permiten llegar al sosiego deseado. La oscuridad sigue allí, pero ahora llenan sus oídos las miradas descalificadoras. La tensión en sus mandíbulas la agotan, sin embargo, ese agotamiento no la ayuda a dormir, la lastima.

Apagada la luz, Ana se dirige a su cama disfrutando ese silencio que la oscuridad ofrece. Se desvanece vestida sin pretender siquiera descalzarse. Solo cae. Y como si el sueño tuviera dueño y viniera a ella como un préstamo, se dispone a ser poseída por él a fin de descansar. Cierra los ojos siguiendo el ritual del sueño, y mientras los segundos pasan cierta angustia toma el lugar de éste como una tormenta de imágenes entrelazadas. Escenas, rostros, sensaciones diversas se superponen y no le permiten llegar al sosiego deseado. La oscuridad sigue allí, pero ahora llenan sus oídos las miradas descalificadoras. La tensión en sus mandíbulas la agotan, sin embargo, ese agotamiento no la ayuda a dormir, la lastima.

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